Los hábitos del NO ÉXITO

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Los hábitos del NO ÉXITO

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¿qué es un resultado? La consecuencia de una acción. Si estamos de acuerdo en esto, ¿por qué le dedicas tanto tiempo a analizar los resultados, en lugar de estudiar las acciones que los han provocado?

¿qué es una acción? Un hecho concreto en un momento y lugar concretos con un propósito concreto.

¿qué es un hábito? La repetición automatizada de una acción en cualquier momento y lugar. Con frecuencia, sin un propósito concreto, pues el hábito es la acción inconsciente.

De lo que podemos deducir que los resultados -sean los que sean- son fruto de acciones que a fuerza de ser repetidas se convierten en hábitos.

LOS HÁBITOS DETERMINAN EL ÉXITO Y EL NO ÉXITO

Se hace especialmente interesante conocer la relación causa-efecto de los hábitos con respecto a los resultados deseados. Analicemos algunos hábitos relacionados con el “NO Éxito”.

LA EXCUSA PERFECTA: ¡culpable!

Buscar culpables a nuestro “no éxito” (mal llamado fracaso) es una conducta muy, muy frecuente. La usamos constantemente, y la usamos todos.

Si eres jefe, los profesionales, clientes o competencia serán tus objetivos más directos. Si eres profesional, el jefe y tus compañeros son la causa de todos tus “males”. Cuando adoptamos el rol de ciudadanos, siempre hay algún gobierno local, autonómico o central cuyas decisiones te están estropeando la vida. En esta lista y con distinta frecuencia o prioridad aparecerán los hijos, la pareja, el vecino de al lado, la bolsa, la guerra de algún país… y hasta los Reyes Católicos.

Todo, excepto quien es realmente RESPONSABLE – que no culpable- de tu éxito, lo logres o no: TÚ MISMO.

En el momento en que identificas al culpable de todas tus emociones negativas, frustraciones, o resultados inadecuados según tus expectativas, sientes una profunda sensación de descanso.

No has de hacer cada.., dado que no te compete a ti. Adoptas el rol de víctima: hablas, te comportas, te relacionas desde ahí. Bajo una falsa apariencia de buscar soluciones, en el fondo, buscas la compasión de los demás, su solidaridad y que no te exijan nada: ¡tú no tienes la culpa!.

Pero no se trata de buscar culpables, sino RESPONSABLES. Que no es lo mismo. Es muy probable que no tengas la culpa de lo que ocurra, es decir, que no seas el responsable de la causa de las situaciones. Pero eres sí o sí RESPONSABLE de qué haces y cómo haces para lograr tus objetivos.

Sea cual sea tu punto de partida, el diseño del viaje y la acción de recorrerlo depende sólo de ti.

EL PESO DE LA QUEJA

Nuestra mente se configura desde nuestros pensamientos. Nuestro mental se retroalimenta de sí mismo y puede crecer o dañarse.  La queja es una de las acciones más dañinas. La queja se formula desde emociones negativas. Se expresa con palabras tristes, autojustificativas, y muy contagiosas. Cuando te quejas, la primera persona que recibe tu queja eres tú mismo.

Cuando quejarse se convierte en hábito consume gran cantidad de energía. Primero en la queja, y luego… en la búsqueda del siguiente motivo de queja. Porque lo peor que genera el hábito de quejarse es “adicción”.

Aportación: Cero. Desgaste: Total. En una cuenta de resultados emocional, la queja es un pasivo que crece exponencialmente, restando y dividiendo cualquier partida positiva. Es deuda que solo genera más deuda.

LA DESORGANIZACIÓN.

Ante todo, una aclaración. Desorden no tiene nada que ver con la TEORÍA DEL CAOS. Lo comento porque en más de una ocasión, alguien que no quiere reconocer su desorden mental me ha dicho bajo la apariencia de “culto” …lo mío no es desorden. Lo mío es divergencia. Yo soy de los que usan la teoría del caos…. Lo dicho, quien habla así ha leído algún que otro titular sobre “teoría del caos”, como mucho, un post de un blog. No tiene ni idea del tema, pero se atribuye alguna idea o frase porque le es atractiva, y dando por hecho que los demás somos ignorantes, se atreve a decir algo así. Pues no, no nos vale.

El desorden es falta de orden. Puedes  usar el criterio de orden que quieras, pero elige uno. Por tanto, creatividad-divergencia-disrupción no son desorden. Son capacidades y acciones que se rigen por otros métodos, criterios o sistemas de orden. Pero tienen un orden, responden a un sistema y necesitan de metodologías para ser realmente eficaces.

El efecto más dañino del desorden como hábito es que impide el equilibrio. Por ejemplo, si no tienes ningún criterio en tu forma de ordenar las ideas, dedicarás gran cantidad de energía mental a buscarlas; o a no olvidarlas. Sin mencionar la generación de una emoción negativa: inseguridad y ansiedad por miedo a no poder localizarlas cuando las necesitas. En este momento, identifica tu desorden en el ámbito profesional y personal. Puede afectar al tiempo, las cosas, información o ideas… Pero el efecto destructivo es el mismo.

El desorden es una de las causas de pérdida de energía más fuerte y genera un alto gasto adicional de recursos mentales. Su efecto trasciende de ti. Tu desorden afecta siempre a alguien, además de a ti mismo. Por tanto, si el desorden como excusa es ineficiente, y tiene un alto coste para ti, para conocer sus resultados reales has de sumar el caos que provocas en tu equipo, tu familia, tus amigos. Les exiges una comprensión, tolerancia, aguante y paciencia que más pronto que tarde te pasará factura.

SI NO HAY DE QUÉ PREOCUPARSE, LO INVENTO

Es un hábito del no-éxito relacionado con lo comentado anteriormente sobre de la necesidad de quejarse, pero va un poco más allá.

Pre-ocuparse significa ocuparse de algo por adelantado. Es un enfoque emocional. No lo confundas con el análisis de riesgos tan necesario para un líder de intrategia.

Visualizar o estudiar las posibles consecuencias y escenarios de una determinada situación para adoptar las decisiones más adecuadas según el caso es una cosa. Por cierto, una cosa fundamental en la toma de decisiones. Y otra muy distinta, dejarse llevar por la angustia de la incertidumbre por supuestos acontecimientos cuya probabilidad de que ocurran es nula o muy baja.

En el caso del liderazgo de intrategia, la mente actúa positiva y proactivamente. Toma las decisiones y planifica la acción para cada escenario. Una vez diseñado el plan, la concentración (energía más pasión) se focaliza en el presente. Se trata de ocuparse previamente.  La actitud es cuando lleguemos a ese puente, lo pasaremos.

En el segundo caso, el de pre-ocuparse sin más, se dedica la energía a contrarrestar estrés y ansiedad por adelantado sin hacer nada ni tomar ninguna decisión. Sólo visualizamos escenarios finales y nos lamentamos anticipadamente por ellos. De nuevo, la victimización inútil. Quien utiliza esta forma de comportamiento necesita buscar la compasión de los demás para satisfacer su necesidad de protagonismo.

PROCRASTINAR: un palabro tan feo como habitual.

La mayoría de los autores vinculan el hábito de posponer las cosas a la falta de capacidad de gestión del tiempo. Yo lo relaciono más con el miedo.

¿Has visto a alguien que procrastine aquello que le gusta o que hace bien? Pues eso. En el fondo solo es miedo. Miedo al “dolor” emocional que produce hacer algo de lo que no te sientes seguro; o que has hecho mal antes; o que no te produce sensaciones placenteras…; Miedo a equivocarte; miedo a hacer el ridículo.

Como todo hábito que se precie – por eso son hábitos- se retroalimenta de sí mismo. Es por ello que ese “mañana” -que es como llamamos al momento en que sí harás lo que no quieres hacer ahora- no llega nunca. Cada “mañana” convertido en “hoy” pegarás una patada a la acción y la trasladarás un poco más lejos. Excusas y explicaciones no te faltarán. Pero tensión, insatisfacción, estrés e incluso complejo de inferioridad por no lograr afrontarlo,  tampoco.

¿por qué dices SÍ cuando quieres decir NO?

Disfrazado de una falsa cooperación, compañerismo, disponibilidad, afabilidad…, como quieras llamarlo, aceptar cosas que no querrías hacer te está destruyendo.

Te diré algo. La mayoría de los líderes que conozco, buenos líderes, sienten más respeto por quienes saben decirles “no” que por quienes actúan como auténticos pelotas.

NO es una palabra negativa. Lo sé. Es tajante y sentimos que provoca reacciones emocionales también negativas. No la uses.

Pero la alternativa a NO, no es Sí. Por ejemplo, si tu jefe te pide que hagas una determinada tarea que te va a representar un tiempo del que no dispones, decir “sí” te supondrá alargar tu jornada, hacer mal las cosas -si tu opción es correr-, o llevarte tareas a casa, o no cumplir el plazo que se haya pactado. En cualquier caso, resultado es indeseado. Por no añadir lo mal que te sentirás contigo mismo hagas lo que hagas.

Cuando tu jefe te pida algo adicional que excede el plan, la alternativa es sencilla: Estoy haciendo esto.., y lo siguiente según planificamos es esto otro… ¿qué cosa debo posponer o dejar de hacer para incluir lo que me pides? O, ¿qué prioridad tiene esto, para decidir cuándo es el momento más correcto para realizarlo?

Si por el contrario eres líder, provoca esta libertad en tus colaboradores. Demuéstrales con la fuerza de los hechos que sabes escuchar el no; que aceptas que te digan no.

Sin duda, desde mi punto de vista, serán los “noes” que te debas dar a ti mismo los que más trabajo te van a costar. Pero un “no” a tiempo puede resolverte gran cantidad de problemas.

RUMIAR SIN DIGERIR los encontronazos del día a día.

Alguien me dijo hace poco que prefiere sacarse la chinita del corazón ahora que tener que derribar un muro más adelante. Y lleva razón por muchos motivos.

La energía que requiere resolver un desacuerdo es muy pequeña. El impacto es mínimo y el desgaste emocional insignificante.

Eliminar una chinita está al alcance de todos. Derribar un muro puede que no.

El tiempo y cantidad de espacio mental de la chinita es pequeño. Un muro emocional ocupa mucho espacio. Es una barrera que va más allá de las personas o realidades afectadas inicialmente y te lastima profundamente.

El rencor está conectado con el orgullo mal entendido. Atrae soberbia y puede desencadenar ira. El rencor corroe lenta pero inexorablemente.

Líbrate de él encarando en el momento -que no en caliente- cualquier discrepancia o encuentro desagradable. Y aprende de ello como alternativa al “no olvido”.

SIN PALABRA

Una persona sin palabra no es una persona callada o silenciosa. Es una persona incapaz de comprometerse y cumplir sus compromisos.

La manifestación de este hábito es infinita. Desde la impuntualidad al olvido. Desde la falta de rigor y precisión, al menosprecio y la ignorancia.

Si lo analizas bien, SIN PALABRA, tiene mucho que ver con los malos hábitos descritos. Su consecuencia más inmediata es la desconfianza. Según quien seas y el rol que tengas con cada persona, el feed-back que obtienes es diferente, pero todos se basan en lo mismo: no te creen.

Por tanto, mide bien tus fuerzas y capacidades antes de comprometerte con algo o con alguien. En el mundo de las ventas se usa este mal hábito de forma intencionada. Es que si no.., pierdo al cliente… Lo cierto es que lo vas a perder igual, pero será como consecuencia de tu falta de palabra, y tu reputación caerá. Si pierdes un cliente por decirle la verdad de un plazo, es que no era tu cliente. Pero los que sí lo son, te seguirán a muerte, pues creen en ti y están seguros de que harás lo que dices cuando y como lo dices.

 

El Método Influencers® de Pensamiento para el Éxito te permite:

  • Identificar los hábitos que no te ayudan para conseguir tu éxito (sea éste el que tú quieras)
  • Identificar los hábitos que sí te llevan a tu éxito
  • Adquirir los hábitos de éxito para convertirlos en rutinas positivas.
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